PARA RECUPERAR
NUESTRO
CASTILLO
PREMIO
XL JUAN BERNIER
ATENEO
DE CÓRDOBA
“Yo me celebro y yo me canto, y todo
cuanto es mío también es tuyo, porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te
pertenezca”
-Walt Whitman -
Desde el estribo de la
cercanía
¿Por qué no cuentas eso que te pasa?
El miedo aúlla, impúdico y contrario,
y la ansiedad de lo complementario
ulcera hasta los huesos de tu casa.
Te fallas cuando escondes lo que abrasa
y hay un terror anónimo, primario,
creando un amasijo funerario
que llega del futuro y te traspasa.
Como una flor de plástico te mueves,
te frenas mientras haces lo que debes
bajo una desazón que te mutila.
Sonríe, porque el cambio te seduce.
Escúchate a ti mismo mientras luce
la luz de la palabra en la pupila.
Jugar a los fantasmas
En ti, que vives más de cara adentro
y vagas, como yo, entre los dos mundos,
encuentras tu lugar cuando te has ido
o te intuyes en una dimensión
que no se ha conformado todavía,
en ti me reconozco y, como igual,
te envío una primicia en las palabras:
hay más como nosotros. No estás solo.
Más atroz que la derrota
Dime que es por mi culpa o pasa algo,
que cada
imagen nítida que veo
está
distorsionada
por una
diferencia solo mía.
No vengas a
contarme que es verdad
que el
miedo está tragándose la Tierra.
Admite que
soy yo quien se confunde
al apreciar
así, continuamente,
el lado
turbador del espejismo,
y sácame a
la fuerza de mi error
si el mundo
es inocente y exagero.
Dime que no
es real, que hay esperanza.
De la misma especie
Mi recuerdo da sombra en el olvido.
El tiempo congelado en los relojes
insiste en que me vista de otra piel
mientras voy deshaciéndome
y me extraño.
Levanto abismos donde sueños puentes
cuando disparo la palabra escrita
o mi propio deseo de entender
se tumba a veces en la blanda hierba
de alguna alternativa más amable
y espero otra ocasión, otro contexto
en el que pueda amar
con todos los sentidos,
porque llego a advertir que dejo afuera
una vida anterior
que ya no es mía.
Todo lo que me une a ti
Hay un mundo aquí dentro que declina.
¿No ves cómo al caer se desmorona
bajo el relieve gris,
pensante y vertebrado?
El frío va mordiéndote los huesos,
corta en pedazos los recuerdos crudos
y eleva un escenario para el escalofrío.
Así se olvida y se renace luego:
lo sientes otra vez, te desvinculas
y, sobre un verso lleno de impresiones,
tiemblas al percibir bajo el papel
un corazón a punto de volar.
Edificando un dulce río
No te puedo mirar con estos ojos,
porque la gente acaba
y se disuelve.
Te miro como miran los poemas,
que saben que no estás, aún no acudes
y hace ya muchos versos que te espero.
Sentí que ayer hablaba otra por mí
a través de mi voz, con mis palabras,
de que todo es mudable menos tú,
que me lees y piensas que te envío,
tras mi ráfaga azul de formas suaves,
el último mensaje de la Tierra.
Cuidado, que arde
Ayer te vi, mirándome a lo lejos,
oculto tras la luz crepuscular,
lector, tan parecido y tan atento,
cuestionándote todas las verdades
con la curiosidad de quien se adentra
en un campo sembrado de falacias.
Oigo pasar la vida
De los dos kilos de sueño, madrugones,
del teatro común,
de cuatro enfados,
del bulto de la nómina del mes,
de olvidarse en el mar una semana
y volver a la cárcel once meses
del tiempo en el que aguantas todo el año,
de eso estamos hechos, tú lo sabes,
de aquello que hay que hacer cuando nos toca
y mientras aplastamos emociones
que, a veces, se defienden a mordiscos
y gritan con los ojos
que quieren ser violetas en Japón,
la música de un fado de Lisboa
o una lluvia de estrellas deslumbrantes
en la amplitud desértica de Gobi.
Alguien me está llamando
El viento crispa el gesto del ocaso
con su arranque de cólera, de agua
y el enfado sonoro que despliega.
Se escurren unas notas invisibles
y una música cálida, cercana,
estrecha a la hermosura entre sus brazos
y alarga un pentagrama cuando escribe
en la página añil del universo.
El tiempo se detiene. Todo indica
que estás a una canción de enamorarte.
Solo una flor contra la nada
Permíteme escaparme de la cárcel.
Soy eso que enloquece en tu cabeza.
Siente el temblor eléctrico en los dedos,
no me quiero perder en el olvido.
Enfócate en la hoja que arde en llamas
y déjame salir, hazme poema,
cuenta una historia,
escribe, escribe, escribe
como si nadie aún lo hubiera hecho
y estuvieses a punto de alcanzar
un gran descubrimiento prodigioso.
Vocación de pájaro
Amar de sopetón. Querer de golpe.
Pensar en el amor a todas horas.
Sentirlo en otro espacio, por el aire,
más allá de los límites del cuerpo.
Volar desde el sofá hasta el dormitorio.
Amar de corazón. Amar a muerte.
Ser adicta al olor de sus abrazos.
Contar cada segundo de su ausencia
y, después, esperar el hundimiento.
Arrojar el reloj a la basura.
Caer en la sospecha. Amar con miedo.
Girar el rostro y bajar al interior.
Buscar la soledad. Volver a ti
por no saber hacer de nadie compañía.
Los seres pequeños
He descubierto cosas que ya existen,
la celda de la lluvia,
la curva plateada de las olas
o que la poesía rescata a los humanos
como el creciente río que sobrepasa el cauce,
asciende, serpentea por el cielo
y cae, como lluvia temporal,
sobre el crespón de los amores muertos,
donde el espanto residual y antiguo
sumerge su testuz bajo las aguas.
Las gotas se introducen por los poros
de la epidermis pálida, desnuda
y llevan los misterios de la vida
al dinámico flujo de la arteria
donde vierten, disuelta entre los versos,
la virginal retórica del alma.
Desnuda y vertical
Pareces una flor.
Bajo el instante alado de tu frente,
la luz del sol descubre sus matices
sobre el verde estelar de tu mirada.
Los colores alumbran otros ángulos,
como impactos vivos de tu sombra;
unos pétalos nacen de tus dedos
al elevar la altura
en la que habitas
y, con los ojos fijos en el aire,
soñando con marcharte pero inmóvil,
sujeta a la violencia
estática del suelo,
pareces una flor que quiere ser un pájaro.
Una voz en la niebla
Yo quiero ser la huella de tus pasos,
el vuelo de los versos inmortales,
las ondas temblorosas
de aquellos esplendores repentinos
en la alameda verde
de nuestra propia guerra.
Hablemos de cosas imposibles,
de los sueños errantes e incompletos,
de la órbita de Júpiter,
lejana,
del rumor de los árboles bajo el cielo estrellado
o del reloj que espera y que te nombra.
Hablemos de soñar con posibilidades,
de darle a la emoción
su pensamiento
y también de ser otros tú y yo.
A esta violeta le han crecido alas.
Te digo sí a todo, pero ven.
A un sueño atornillada
Hunde tu mano en mí
y tócame por dentro.
He viajado contigo en muchas vidas
a lugares soñados, diferentes,
y surcado los cielos de otros mundos
a través de un portal de fantasía.
He caminado sobre los capítulos
donde agrandaba ayer el mismo espacio.
He levantado cumbres para ti
hermosas e invisibles, con múltiples detalles.
Ven, tócame por dentro.
Te llevo a todas partes, búscate.
No me dejes a solas con estos pensamientos.
Los ángeles terrestres
A la espalda de un dios y en esta hora,
la extraña que me hospeda lo presiente.
¿No lo notas también,
atento observador de lo inaudito?
El camino se escribe con los dedos
y una alegría nueva se vislumbra.
Más allá del dolor está la luz,
el milagro, a la vuelta de la esquina
y, allá donde el ocaso se desangra,
un alfabeto cósmico te espera.
Con mi nombre
En los fríos portales del invierno,
en pos de un orden cálido en las nubes,
tú, carne vegetal y sobrehumana,
escuchas la inmediata eternidad
mientras sueña el espejo con tu imagen.
Apariencia fugaz, sol transitorio,
que buscas tu lugar en las estrellas,
tras el cósmico espacio de otro mundo,
percibes una lumbre estremecida
como un ave que tiembla entre tus manos.
Memorias de la vida usada
A ti, que vives razonablemente
y lees esto ahora y reconoces
que somos dos matices
del paisaje
de alguna soledad en diferido;
a ti, que va dejándote la vida,
eres tu juez más riguroso y duro,
estás como una sombra entre las cosas
y ocupas ese espacio
que me falta;
a ti, por tu emoción
y, seas el que seas, te lo encargo:
algo llega importante. No lo ignores.
Ni siquiera soy dueña de este cuerpo,
pero, antes de perder la forma humana,
recuérdame mi historia, que la olvido.
El átomo ligero
Detrás de la verdad y la costumbre,
atesoras,
causándote extrañeza,
recuerdos que jamás han ocurrido
más reales que cuerpos que respiran.
También sientes el nudo indescifrable
de la culpa, partiéndote los huesos,
y te cansas de estar y resistir.
Tú, muerto prematuro, como yo,
descansa de tu estado material.
Cierra los ojos y habla con quien eres
de carne para adentro, tu otra voz.
Detrás de la emoción que nunca ha sido,
un alivio futuro te contempla.
La ajena que me escucha
Yo, que necesito un mar alrededor,
que busco otras versiones de mí misma
para soltar la angustia y ser más fuerte;
yo, que espero un cohete a lo imposible,
igual que las estrellas en la Tierra,
y atrapo una emoción fugaz y escucho
que canta su canción el universo;
yo, que estoy de visita, como tú,
y soy la transeúnte que se lanza
hacia la yugular de la tormenta,
pienso en el armazón que me sostiene;
en que el tiempo se entierra en los relojes
y en cómo pude equivocarme tanto,
pues todo lo que amaba se ha perdido.
Primeros auxilios
¿Quién eres tú?, ¿de dónde vienes, dime,
que llenas tus oídos de palabras
y estás al mismo tiempo en muchas partes
igual que el resplandor de un ángel bueno?
Partidario de causas insolubles,
de visita oficial
a las constelaciones,
no descuides tu sueño en la neblina.
Adelántate al reino del adiós
y escápate mientras está llegando.
Si te cambias de sitio y lo confundes,
serás inaccesible, así se irá;
y sé también, entre los que se marchan,
quien salva su castillo de las sombras.
El instante perfecto
Bajo una piel
que no me pertenece,
intuyo un
resplandor, aquí y ahora.
El grácil
movimiento planetario,
que lleva al
alma a descansar del cuerpo,
desvía el
infinito a mi favor.
Un animal
herido me acompaña
al ramaje del
árbol de las sílabas
y a un futuro
propósito
que está por
definir.
El pequeño
milagro se perfila
y tengo que
enunciar una pregunta,
una incógnita
leve en forma de ave:
desde qué
maravilla se concibe
la belleza del
fin en un poema.
Saluda al ganador
Ahora que se acerca el desenlace,
te siento, en este espacio, imprescindible.
Asómate a las calles de los versos,
distingue el homenaje a la belleza
y súmate a la fiesta de los astros.
El cielo es un alegre bulevar
donde un letrero claro y luminoso
anuncia que los ángeles te cuidan.
A un lado de tu cuerpo, espera tu alma
a que le hagas un hueco a la victoria.
Te llama el corazón de la criatura
y el sistema solar te necesita.
Si has vuelto tú también desde la muerte,
salúdate, lector, porque has vencido.
Una rosa de luz
Algo cruza la noche, un oleaje
como el rumor de un viento amortiguado
y una rosa, que vive en lo soñado,
descansa en los jardines del lenguaje.
A veces se convierte en personaje.
La resonancia de lo insospechado
se alimenta del hecho atravesado
y aguarda hasta lograr que el alma encaje.
La aventura al final acude y muestra
la magia donde nace un universo.
Sé suave, bondadoso y compasivo,
esta crónica es tuya y es la nuestra.
En nombre de la luz y el dios del verso,
quédate junto a mí mientras la escribo.
Índice
1.
Desde
el estribo de la cercanía
2.
Jugar
a los fantasmas
3.
Más
atroz que la derrota
4.
De
la misma especie
5.
Todo
lo que me une a ti
6.
Edificando
un dulce río
7.
Cuidado,
que arde
8.
Oigo
pasar la vida
9.
Alguien
me está llamando
10. Solo una flor contra la nada
11. Vocación de pájaro
12. Los seres pequeños
13. Desnuda y vertical
14. Una voz en la niebla
15. A un sueño atornillada
16. Los ángeles terrestres
17. Con mi nombre
18. Memorias de la vida usada
19. El átomo ligero
20. La ajena que me escucha
21. Primeros auxilios
22. El instante perfecto
23. Saluda al ganador
24. Una rosa de luz
