jueves, 5 de febrero de 2026

Para recuperar nuestro castillo (XL Premio Juan Bernier)

 




 

PARA  RECUPERAR

NUESTRO CASTILLO

 

 

 

PREMIO XL JUAN BERNIER

ATENEO DE CÓRDOBA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Yo me celebro y yo me canto, y todo cuanto es mío también es tuyo, porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca”

-Walt Whitman -

 

 

 

 

Desde el estribo de la cercanía

 

 

¿Por qué no cuentas eso que te pasa?

El miedo aúlla, impúdico y contrario,

y la ansiedad de lo complementario

ulcera hasta los huesos de tu casa.

 

Te fallas cuando escondes lo que abrasa

y hay un terror anónimo, primario,

creando un amasijo funerario

que llega del futuro y te traspasa.

 

Como una flor de plástico te mueves,

te frenas mientras haces lo que debes

bajo una desazón que te mutila.

 

Sonríe, porque el cambio te seduce.

Escúchate a ti mismo mientras luce

la luz de la palabra en la pupila. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jugar a los fantasmas

 

 

 

 


En ti, que vives más de cara adentro

y vagas, como yo, entre los dos mundos,
encuentras tu lugar cuando te has ido
o te intuyes en una dimensión

que no se ha conformado todavía,

en ti me reconozco y, como igual,
te envío una primicia en las palabras:
hay más como nosotros. No estás solo.                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

Más atroz que la derrota

 

 

 

Dime que es por mi culpa o pasa algo,

que cada imagen nítida que veo

está distorsionada

por una diferencia solo mía.

No vengas a contarme que es verdad

que el miedo está tragándose la Tierra.

Admite que soy yo quien se confunde

al apreciar así, continuamente,

el lado turbador del espejismo,

y sácame a la fuerza de mi error

si el mundo es inocente y exagero.

Dime que no es real, que hay esperanza.                

 

 

 

 

 

 

 

 

De la misma especie

 

Mi recuerdo da sombra en el olvido.

El tiempo congelado en los relojes

insiste en que me vista de otra piel

mientras voy deshaciéndome

y me extraño.

Levanto abismos donde sueños puentes

cuando disparo la palabra escrita

o mi propio deseo de entender

se tumba a veces en la blanda hierba

de alguna alternativa más amable

y espero otra ocasión, otro contexto

en el que pueda amar

con todos los sentidos,

porque llego a advertir que dejo afuera

una vida anterior

que ya no es mía.                                                                            

 

 

 

 

Todo lo que me une a ti

 

 

 

Hay un mundo aquí dentro que declina.

¿No ves cómo al caer se desmorona

bajo el relieve gris,

pensante y vertebrado?

El frío va mordiéndote los huesos,

corta en pedazos los recuerdos crudos

y eleva un escenario para el escalofrío.

Así se olvida y se renace luego:

lo sientes otra vez, te desvinculas

y, sobre un verso lleno de impresiones,

tiemblas al percibir bajo el papel

un corazón a punto de volar.                                           

 

 

 

 

 

  

Edificando un dulce río

 

 

No te puedo mirar con estos ojos,

porque la gente acaba

y se disuelve.

Te miro como miran los poemas,

que saben que no estás, aún no acudes

y hace ya muchos versos que te espero.

 

Sentí que ayer hablaba otra por mí

a través de mi voz, con mis palabras,

de que todo es mudable menos tú,

que me lees y piensas que te envío,

tras mi ráfaga azul de formas suaves,

el último mensaje de la Tierra.                                           

 

 

 

 

 

Cuidado, que arde

 

 

 

Ayer te vi, mirándome a lo lejos,

oculto tras la luz crepuscular,

lector, tan parecido y tan atento,

cuestionándote todas las verdades

con la curiosidad de quien se adentra

en un campo sembrado de falacias.                     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oigo pasar la vida

 

 

De los dos kilos de sueño, madrugones,

del teatro común,

de cuatro enfados,

del bulto de la nómina del mes,

de olvidarse en el mar una semana

y volver a la cárcel once meses

del tiempo en el que aguantas todo el año,

de eso estamos hechos, tú lo sabes,

de aquello que hay que hacer cuando nos toca

y mientras aplastamos emociones

que, a veces, se defienden a mordiscos

y gritan con los ojos

que quieren ser violetas en Japón,

la música de un fado de Lisboa

o una lluvia de estrellas deslumbrantes

en la amplitud desértica de Gobi.                                      

 

 

 

 

 

 

 

Alguien me está llamando

 

 

 

El viento crispa el gesto del ocaso

con su arranque de cólera, de agua

y el enfado sonoro que despliega.

Se escurren unas notas invisibles

y una música cálida, cercana,

estrecha a la hermosura entre sus brazos

y alarga un pentagrama cuando escribe

en la página añil del universo.

El tiempo se detiene. Todo indica

que estás a una canción de enamorarte.       

 

 

 

 


 

 

 

Solo una flor contra la nada

 

 

Permíteme escaparme de la cárcel.

Soy eso que enloquece en tu cabeza.

Siente el temblor eléctrico en los dedos,

no me quiero perder en el olvido.

Enfócate en la hoja que arde en llamas

y déjame salir, hazme poema,

cuenta una historia,

escribe, escribe, escribe

como si nadie aún lo hubiera hecho

y estuvieses a punto de alcanzar

un gran descubrimiento prodigioso.                     

 

 

 

 

 

 

 Vocación de pájaro

 

 

Amar de sopetón. Querer de golpe.

Pensar en el amor a todas horas.

Sentirlo en otro espacio, por el aire,

más allá de los límites del cuerpo.

 

Volar desde el sofá hasta el dormitorio.

Amar de corazón. Amar a muerte.

Ser adicta al olor de sus abrazos.

Contar cada segundo de su ausencia

y, después, esperar el hundimiento.

 

Arrojar el reloj a la basura.

Caer en la sospecha. Amar con miedo.

Girar el rostro y bajar al interior.

Buscar la soledad. Volver a ti

por no saber hacer de nadie compañía.                             

 

 

 

 

Los seres pequeños

 

 

He descubierto cosas que ya existen,

la celda de la lluvia,

la curva plateada de las olas

o que la poesía rescata a los humanos

como el creciente río que sobrepasa el cauce,

asciende, serpentea por el cielo

y cae, como lluvia temporal,

sobre el crespón de los amores muertos,

donde el espanto residual y antiguo

sumerge su testuz bajo las aguas.

 

Las gotas se introducen por los poros

de la epidermis pálida, desnuda

y llevan los misterios de la vida

al dinámico flujo de la arteria

donde vierten, disuelta entre los versos,

la virginal retórica del alma.           

 

 

 

 

Desnuda y vertical

 

 

 

Pareces una flor.

Bajo el instante alado de tu frente,

la luz del sol descubre sus matices

sobre el verde estelar de tu mirada.

Los colores alumbran otros ángulos,

como impactos vivos de tu sombra;

unos pétalos nacen de tus dedos

al elevar la altura

en la que habitas

y, con los ojos fijos en el aire,

soñando con marcharte pero inmóvil,

sujeta a la violencia

estática del suelo,

pareces una flor que quiere ser un pájaro.                       

 

 

 

 

Una voz en la niebla

 

 

Yo quiero ser la huella de tus pasos,

el vuelo de los versos inmortales,

las ondas temblorosas

de aquellos esplendores repentinos

en la alameda verde

de nuestra propia guerra.

Hablemos de cosas imposibles,

de los sueños errantes e incompletos,

de la órbita de Júpiter,

lejana,

del rumor de los árboles bajo el cielo estrellado

o del reloj que espera y que te nombra.

 

 

 

 

 

Hablemos de soñar con posibilidades,

de darle a la emoción

su pensamiento

y también de ser otros tú y yo.

 

A esta violeta le han crecido alas.

Te digo sí a todo, pero ven.                                                                             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A un sueño atornillada

 

 

Hunde tu mano en mí

y tócame por dentro.

He viajado contigo en muchas vidas

a lugares soñados, diferentes,

y surcado los cielos de otros mundos

a través de un portal de fantasía.

He caminado sobre los capítulos

donde agrandaba ayer el mismo espacio.

He levantado cumbres para ti

hermosas e invisibles, con múltiples detalles.

Ven, tócame por dentro.

Te llevo a todas partes, búscate.

No me dejes a solas con estos pensamientos.                   

 

 

 

 

 

Los ángeles terrestres

 

 

A la espalda de un dios y en esta hora,

la extraña que me hospeda lo presiente.

¿No lo notas también,

atento observador de lo inaudito?

 

El camino se escribe con los dedos

y una alegría nueva se vislumbra.

 

Más allá del dolor está la luz,

el milagro, a la vuelta de la esquina

y, allá donde el ocaso se desangra,

un alfabeto cósmico te espera.                  

 

 

 

 

 

 

 

Con mi nombre

 

 

En los fríos portales del invierno,

en pos de un orden cálido en las nubes,

tú, carne vegetal y sobrehumana,

escuchas la inmediata eternidad

mientras sueña el espejo con tu imagen.

 

Apariencia fugaz, sol transitorio,

que buscas tu lugar en las estrellas,

tras el cósmico espacio de otro mundo,

percibes una lumbre estremecida

como un ave que tiembla entre tus manos.       

 

 

 

 

Memorias de la vida usada

 

A ti, que vives razonablemente

y lees esto ahora y reconoces

que somos dos matices

del paisaje

de alguna soledad en diferido;

 

a ti, que va dejándote la vida,

eres tu juez más riguroso y duro,

estás como una sombra entre las cosas

y ocupas ese espacio

que me falta;

 

a ti, por tu emoción

y, seas el que seas, te lo encargo:

algo llega importante. No lo ignores.

 

 

 

Ni siquiera soy dueña de este cuerpo,

pero, antes de perder la forma humana,

recuérdame mi historia, que la olvido.         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El átomo ligero

 

Detrás de la verdad y la costumbre,

atesoras,

causándote extrañeza,

recuerdos que jamás han ocurrido

más reales que cuerpos que respiran.

 

También sientes el nudo indescifrable

de la culpa, partiéndote los huesos,

y te cansas de estar y resistir.

 

Tú, muerto prematuro, como yo,

descansa de tu estado material.

Cierra los ojos y habla con quien eres

de carne para adentro, tu otra voz.

Detrás de la emoción que nunca ha sido,

un alivio futuro te contempla.                                

 

 

 

 

La ajena que me escucha

 

Yo, que necesito un mar alrededor,

que busco otras versiones de mí misma

para soltar la angustia y ser más fuerte;

 

yo, que espero un cohete a lo imposible,

igual que las estrellas en la Tierra,

y atrapo una emoción fugaz y escucho

que canta su canción el universo;

 

yo, que estoy de visita, como tú,

y soy la transeúnte que se lanza

hacia la yugular de la tormenta,

pienso en el armazón que me sostiene;

 

en que el tiempo se entierra en los relojes

y en cómo pude equivocarme tanto,

pues todo lo que amaba se ha perdido.                

 

 

 

Primeros auxilios

 

¿Quién eres tú?, ¿de dónde vienes, dime,

que llenas tus oídos de palabras

y estás al mismo tiempo en muchas partes

igual que el resplandor de un ángel bueno?

 

Partidario de causas insolubles,

de visita oficial

a las constelaciones,

no descuides tu sueño en la neblina.

 

Adelántate al reino del adiós

y escápate mientras está llegando.

Si te cambias de sitio y lo confundes,

serás inaccesible, así se irá;

 

y sé también, entre los que se marchan,

quien salva su castillo de las sombras.  

 

 

 

 

 

El instante perfecto

 

 

 

 

Bajo una piel que no me pertenece,

intuyo un resplandor, aquí y ahora.

El grácil movimiento planetario,

que lleva al alma a descansar del cuerpo,

desvía el infinito a mi favor.

 

Un animal herido me acompaña

al ramaje del árbol de las sílabas

y a un futuro propósito

que está por definir.

 

El pequeño milagro se perfila

y tengo que enunciar una pregunta,

una incógnita leve en forma de ave:

 

desde qué maravilla se concibe

la belleza del fin en un poema. 

 

 

 

 

Saluda al ganador

 

Ahora que se acerca el desenlace,

te siento, en este espacio, imprescindible.

Asómate a las calles de los versos,

distingue el homenaje a la belleza

y súmate a la fiesta de los astros.

 

El cielo es un alegre bulevar

donde un letrero claro y luminoso

anuncia que los ángeles te cuidan.

 

A un lado de tu cuerpo, espera tu alma

a que le hagas un hueco a la victoria.

Te llama el corazón de la criatura

y el sistema solar te necesita.

 

Si has vuelto tú también desde la muerte,

salúdate, lector, porque has vencido.   

 

 

 

 

              

Una rosa de luz

 

Algo cruza la noche, un oleaje

como el rumor de un viento amortiguado

y una rosa, que vive en lo soñado,

descansa en los jardines del lenguaje.

 

A veces se convierte en personaje.

La resonancia de lo insospechado

se alimenta del hecho atravesado

y aguarda hasta lograr que el alma encaje.

 

La aventura al final acude y muestra

la magia donde nace un universo.

Sé suave, bondadoso y compasivo,

 

esta crónica es tuya y es la nuestra.

En nombre de la luz y el dios del verso,

quédate junto a mí mientras la escribo. 

 

 

 

 

Índice



1.    Desde el estribo de la cercanía

2.    Jugar a los fantasmas

3.    Más atroz que la derrota

4.    De la misma especie

5.    Todo lo que me une a ti

6.    Edificando un dulce río

7.    Cuidado, que arde

8.    Oigo pasar la vida

9.    Alguien me está llamando

10. Solo una flor contra la nada

11. Vocación de pájaro

12. Los seres pequeños

13. Desnuda y vertical

14. Una voz en la niebla

15. A un sueño atornillada

16. Los ángeles terrestres

17. Con mi nombre

18. Memorias de la vida usada

19. El átomo ligero

20. La ajena que me escucha

21. Primeros auxilios

22. El instante perfecto

23. Saluda al ganador

24. Una rosa de luz