lunes, 4 de septiembre de 2023

De mí naces rosada y prematura

 


De mí naces rosada y prematura;
estoy completa en dos, estoy unida
a ti, mi luz, origen de la vida.
Yo te doy de mi pecho la dulzura.

Yo te doy de mi pecho la ternura
y este día , lactante presumida,
la boca que amamanto, protegida,
me bebe alimentando su alma pura.

Tu infantil corazón me vuelve frágil
del gozo, al sostenerte diminuta,
que estreno como madre entre los brazos.

Te acuno y noto tu latido ágil,
cuando tu llanto de pequeña astuta
me desvela pidiendo más abrazos.


Rosales 




Corazón de magnolia

 


Bajo el coro celeste que ilumina Anatolia,
languidece una joven con la tez de magnolia
mientras trina a lo lejos un alado cantor.
El ocaso corona la emergente tristeza
tras los púrpuras halos de infinita belleza
cuando evoca a su amado y se muere de amor.
.
Ella espera el regreso del fornido guerrero,
el valiente soldado y el escudo más fiero,
que se enfrenta a las sombras al luchar contra el mal.
Si le inquieta la bruma del lamento profundo
por los signos oscuros que amenazan el mundo,
se fractura su dulce corazón de cristal.
.
Entretiene los miedos con los cisnes del lago
o procura el consejo de la magia del mago
donde flota el castillo sobre el plácido azul.
El futuro estremece la incansable esperanza
porque el velo dañino del pronóstico avanza
y confina los sueños a su negro baúl.
.
Han pactado los hombres con gigantes dragones
y se cuentan por miles las sonoras legiones
que calcinan la espada del malvado confín.
El augurio siniestro en triunfal se convierte,
pues se dejan el alma en combates a muerte
los colosos de fuego cuando vencen al fin.
.
El ejército vuelve tras la noble victoria
y perfuma los ojos con la flor de la gloria
aunque queden las huellas del dolor en su piel.
Los amados se encuentran cuando acaba el festejo
y se abraza en las aguas el triunfante reflejo
de la dama y el joven del airoso laurel.


Rosales 






Los pájaros de Marte

 


Yo sé que tengo un alma, porque duele
tras el ávido impulso de pensarte,
pues me habitas por dentro hasta que vuele
al jardín de los pájaros de Marte.

Ven a mí a que tu labio me consuele
de las noches sin luna de esperarte;
quiero ser la razón que te desvele
cuando el límite esté en ninguna parte.

En el húmedo auxilio de tu tacto,
la torrentera del escalofrío
se vierte en resplandores al contacto.

Me traspasa un temblor. Se muere el frío
con tu boca rozando el punto exacto
donde empiezo a volar. Y el cielo es mío.


Rosales 




La flor en la roca

 


Mi sombra me precede
y hace tiempo que no la reconozco.
Es fabuloso.
Mientras la gente corre por el mundo
yo, que apenas existo,
siempre estoy en otra parte.


Rosales





El loco

 




Dicen que es un poeta demencial e inmaduro
porque sueña despierto con tocar las estrellas,
porque sueña que imprime por el cielo sus huellas
en el cósmico aliento del nitrógeno puro.

Dicen que se diluye su talento en el duro
laberinto del antro en que apura botellas,
porque sueña el bohemio habitar entre aquellas
temblorosas linternas desde el éter oscuro.

Luce sobre la mesa la bombilla del foco
tras los sucios tachones del birrioso cuaderno
donde están, olvidados, los poemas de un loco.

Imagina que vuela al hidrógeno eterno.
Porque no se resigna a vivir solo un poco,
le resulta imposible regresar al infierno.


Rosales 




Hermoso Señuelo

 


"El amor tiene dientes. Es dolor hecho vida" (Luis Valero de Bernabé)

(Siguiendo el poema del Narrador de los Mundos)



El amor tiene zarpas. El amor tiene dientes.
No es el tránsito dulce que culmina en el cielo,
sino el breve espejismo de un hermoso señuelo
que nos hunde en el foso de las almas dolientes.

Es la lucha entre locos, sin espadas ni escudos,
donde acuden los labios al combate inhumano.
La intuición nos avisa de un peligro cercano
cuando usamos las armas de los cuerpos desnudos.

El deseo es la estela de un relámpago vivo,
un chispazo implacable que la carne arrebata.
El ascenso imperioso del placer nos remata
por la urgente codicia del contacto excesivo.

El que prueba lo dice. No es posible otro modo,
pues las pieles se entienden en su propio lenguaje,
porque el fuego que corre por la arteria salvaje
nos calcina los huesos y nos quema del todo.


Rosales 




Ilusión óptica (a cuatro manos con Alejandro Arias)

 


Invento papalotes en el viento
y extiendo la ilusión de un sueño alado.
Tengo en el pelo un pájaro extraviado,
una idea que vuela sin aliento.

Mi fiera continencia y mi alimento
hacen gala de un vicio inesperado:
te devoro con un solo bocado
y te bebo de un solo pensamiento.

En el halo fugaz, luminiscente,
de este mi terco afán que te desgrana,
se distingue un color sobresaliente.

Pasa otro día, pasa otra semana
y la brisa se presta recurrente
cuando me trae tu olor cada mañana


Rosales