"Él era un gran ególatra del verso" (Juan Antonio Rivera Gorjón)
de bardo singular, meditabundo.
Llevaba adentro el oro de alta gama
de un ser más inspirado y más profundo.
Él era un rimador canela en rama,
grandioso, convincente y tremebundo.
¿Qué importa si su métrica era un drama?,
oía los aplausos de otro mundo.
Él era un gran farsante y daba el pego,
su eterno admirador, el súper ego
que suele terminar la frase en ripio.
Él era un dios de barro del lenguaje,
él era el que olvidaba este mensaje:
la gloria no supera el municipio.
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