Morder el hueso de un desastre oscuro,
abandonarme, y ser bala perdida,
dolerme desde el sueño hasta la herida.
Abrazar un invierno perro y duro.
Clavar el corazón en el anzuelo,
quedarme sola a discutir conmigo,
lloverme a mares, deshacer el cielo
y quedarme a morir en lo que digo.
Negarme a distinguir lo que ha pasado,
dejar el temporal finiquitado
y sufrir con efectos especiales.
Desconocer a aquel que conocía,
tragarme otro te quiero todavía.
Así son los dramáticos finales.
Rosales
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